Lo que aprendo de mis hijos

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Cuando nos formamos como padres, cuando crecemos y maduramos para hacerlo bien, solemos pensar en todo lo que necesitaran aprender nuestros hijos de nosotros. Pero, ¿y si lo pensáramos al revés? Eso llevo haciendo unos días. ¿Que me han enseñado Pablo, Jaime, Casilda y Mateo? Cuatro personitas diferentes, con personalidades distintas, los cuatro educados por la misma madre y el mismo padre, y sin embargo tan diferentes entre ellos.

 

 

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De Pablo aprendí, para empezar que los embarazos no son ese estado placentero y mágico que había imaginado. Mi cuerpo cambió para siempre, estrías, flacidez y kilos de más. Aprendí que la felicidad más absoluta es abrazar a tu hijo por primera vez. Que las cosas no siempre salen como una las imaginó y que las cesáreas duelen mucho. Que es importante elegir un buen hospital, hacer mil preguntas y no dejar de hacerlas hasta encontrar las respuestas que se buscan. A confiar en mí misma, en mi instinto, que la gente te da consejos con muy buena intención, pero que al final la decisión acertada es la que sale de tu instinto de madre. Aprendí que la lactancia se me daba bien, era mágica, placentera y muy cómoda. Aprendí lo duro que es volver al trabajo después de una ridícula baja maternal, y que las guarderías eran lugares horribles.

Fue creciendo y me enseñó a descubrir Madrid con otros ojos, que era una ciudad llena de posibilidades por descubrir. Sentí el dolor de oírle llorar el primer día de colegio.

Hoy me enseña a estar de buen humor, es capaz de ocuparse de sus hermanos cuando me ve mas liada o estresada. Me hace reír equivocando palabras y gastando bromas. Aprendo que la nobleza que lleva dentro es enorme y se que algún día cumplirá sus sueños.

Y puedo ver cómo crecerá feliz, por qué sus amigos le quieren, que será un romántico, y que le romperán muchas veces en corazón.

Me enseña que la felicidad está en las cosas pequeñas, tan pequeñas como su letra que tantos quebraderos de cabeza da a sus profesores.

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De Jaime aprendí que el amor que se siente por el primer hijo se multiplica con el segundo, que una revisión ordinaria con el ginecólogo puede convertirse en la primera ecografía. Llegó por sorpresa y sin darnos cuenta. Aprendí, después de pasarme casi todo el embarazo en la cama, que debía ser paciente. Me tumbé y esperé que creciera lo suficiente. Aprendí que es cabezota y que, por mucho que yo lo intentara, tu decidirías cuándo y cómo nacer, así que me volvió a enseñar el dolor de una nueva cesárea. Aprendí a dar el pecho mientras jugaba con Pablo o preparaba la cena. Descubrí que el porteo era maravilloso y que me permitía llevarle siempre cerca y hacer muchas cosas.

 

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Hoy Jaime no me lo pone fácil, sin duda es el hijo más difícil de educar que tengo. Es silencioso y concienzudo, me enseña a observar, a ser paciente, a buscar el momento justo para cada cosa. Me obliga a estar en constante aprendizaje. También me enseña muchos chistes. Con él aprendo que muchas veces es cuestión de darle tiempo para que, él solo, salga de las situaciones de conflicto. Alucino con su forma rápida de aprender, de lo inteligente que es. Se que pronto llegara un día en el que no pueda ayudarle con los deberes.

Se que tiene grandes amigos de le quieren y cuidan de él, que tendrá una vida muy divertida y que romperá algún que otro corazón.

 

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Casilda me enseñó, sin duda, a esperar, durante más de tres años la soñé cada noche, me la imaginaba chiquitita, a mi lado en la cama, y recé por ella cada noche. Supe que se podía querer sin ver, sin tocar, que el hilo rojo existía y que era muy, muy fuerte.

Aprendí que cuando las cosas parece que no tienen salida hay que respirar, y volver a ser paciente. Pero, lo más importante, es que aprendí que todo llega, que una llamada puede cambiarte para siempre y que es posible enamorarse de una persona que nunca has visto. Me enseñó que soy valiente, que volar no me daba tanto miedo como creía y que podía llevarme a sus dos hermano a África y pasar allí 20 días hasta poder traerla a casa. Aprendí que el apego hay que trabajarlo, y que no nace de un día para otro.

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Casilda me enseña a no gritar, y se enfada mucho cuando lo hago. Me enseña a ser celosa cuando prefiere estar con su padre que conmigo. Soy una aprendiz de experta en pelo afro, nunca pensé que pasaría tanto tiempo cuidando un pelo, desenredando, haciendo trenzas e incluso quitando piojos. Aprendo que bailar como una loca es divertido y relajante. He aprendido a responder preguntas difíciles como, ¿mamá, cuando salí yo de tu tripa?”

De ella sé que crecerá decidida y será feliz, que tendremos que acompañarla y seguir respondiendo a muchas preguntas.

 

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Mateo, mi pequeño y rubito Mateo. Después de tres una piensa que tiene poco que aprender y llegar el cuarto para darte un montón de nuevas lecciones.

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Antes de nacer ya me enseñó a perder el miedo y confiar en mi cuerpo, quise parir, y de verdad que lo intente, pero finalmente tuve que asumir que mis hijos deciden cómo venir al mundo y recordé, otra vez, el dolor de una cesárea. Aprendí a dar el pecho mientras ayudaba hacer deberes, hacia la cena, resolvía un conflicto y jugaba a los peluqueros.

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Aprendí que los hermanos mayores se vuelven enormes cuando llega un bebé a casa, que ayudan y que se quieren mucho.

 

Con Mateo fui más creativa, despertó en mí la parte más artística, hice punto, me apunté a cursos de pintura, y empecé a aficionarme por la fotografía. Descubrí muy pronto que debía disfrutar al máximo de cada etapa porque quizá fuera la última. Con Mateo he aprendido a despedirme y cerrar. A decir adiós pero sin dolor, un adiós triste pero feliz por lo vivido.

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Mateo me hace reír, me enseña a estar de buen humor, que cantar es curativo, aunque lo que cantes sean las canciones de Frozen una y otra vez.

Sé que será un hombre muy divertido y que siempre será mi pequeñito.

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Miro para atrás y veo todo lo que he aprendido, pero lo que más me gusta es mirar hacia adelante y ver todas las cosas que me quedan por aprender. Con ellos, siempre cerca de mis hijos.

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Durante estos últimos meses, os he ido contando historias inolvidables que he vivido junto al Bugaboo Cameleon. Esta aventura no podía acabar de otra manera que contando la historia de mis propios hijos quienes, de alguna u otra manera y siendo más o menos conscientes, también forman ya parte del universo y la historia del Bugaboo Cameleon.

El que forma parte de mi propia historia. El que forma parte de la historia de mis hijos.

El Mito.

#BugabooElMito

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Y a ti, ¿qué te han enseñado tus hijos?

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8 comments

  1. Querida Teresa,
    Me han encantado tus enseñanzas de hijos a padres y aunque comparto muchas de ellas no puedo evitar contarte una mía totalmente contraria a la tuya…….. con Miguel, mi primer hijo, a quien conoces bien, aprendí y conocí una gran felicidad, enorme, un embarazo tan deseado que quizás por ello se hizo de rogar y me enseñó (no sin cierta desesperacion, lo reconozco) a tener paciencia, a no cejar en el empeño ante tanta prueba de embarazo negativa, a repasar una y mil veces los niveles hormonales, las causas de infertilidad de mis antiguos apuntes de la carrera……y por fin llegó…. mi primer embarazo me enseñó a querer desde el principio, como tú dices, a sentir un amor inmenso por alguien a quien aún no conoces………en mi caso, el embarazo fue una lección de vitalidad, de disfrute absoluto a pesar de los cambios en mi cuerpo (que aunque los ha habido y muy grandes, siempre he pensado que eran más responsabilidad de mis caprichos y mis “me lo merezco” que del cambio por ser madre)
    Pero la gran lección que recibí de Miguel en aquel momento llegó al parir, como tú dices hay que pensarlo, asesorarse y elegir bien, bueno, pues creo que eso es lo más importante, mi primer parto me enseñó a sentir miedo, el mayor que he tenido nunca, cuando a mitad de mi fase de dilatación tuve un desprendimiento de placenta y tuvieron que hacerme una cesárea de urgencias…en ese momento te aseguro que solo rezaba y sentía dolor, claro (no había tiempo para profundizar en la anestesia), pero yo solo pedía por mi bebe, porque saliera adelante aunque a su madre le pasara lo que fuera……. y gracias a Dios así fue, y gracias a estar en un centro médico privado, si, porque también en ellos hay grandes profesionales que saben muy bien lo que hacen.
    En mi caso he de decir que la cesárea no dolió, yo estaba paseando y dando el pecho a mi bebe a las 24h de haber dado a luz. En mi caso pudo más el miedo y la incertidumbre y fue la enseñanza de amor más grande que he tenido en mi vida
    Siento esta carta tan larga, pero no he podido evitar emocionarme mucho al rememorar lo vivido
    Gracias

  2. Que preciosidad de post Teresa!!! Que manera de sintetizar y extraer lo más importante de esas personas así ❤️
    Pues yo aprendí de camila la emoción cuando se dé ti y te la ponen encima. Aprendí a escuchar la llorar a todas horas durante 5 largos meses por los cólicos, no sin partirme el alma aunque buscando mil y un remedios, me enseñó a que me gustara aun más la fotografía, me sigue enseñando que ella no es mayor solo por el hecho de ser la hermana mayor, que la hicimos crecer demasiado pronto y que quiere seguir siendo un bebé, “cuando voy a volver a ser un bebé mamá?” me enseñó a disfrutar pequeñas cosas y a no esperar lo que vendrá, sino a disfrutar el presente.
    De Lucas aprendí como tú que a pesar de mi miedo, el amor con el segundo hijo se multiplica hasta el infinito, aprendí a dar a luz de una manera más natural y más piel con piel. A disfrutar la lactancia, y la baja de maternidad sin miedo a los cólicos, me enseña a reírme de sus gracias ya que es un payaso y me enamora con su carita de perrito abandonado cuando me dice “mamá cuchame”
    Aprendí de los dos que la maternidad es difícil pero es maravillosa y que lo perfecto no existe.
    Gracias Teresa por hacerme pensar
    Muaaaa

  3. Qué bonito post Teresa!!!
    ¿Que qué me han enseñado mis hijos? Pues la mayor me enseñó que es verdad, que hay una vida que crece dentro de tí, por mucho que cuando nació y me la dieron yo pensara que le habían dado el “cambiazo”, que una cosa tan perfecta no podía haber salido de mí. Aprendí a no fiarme de nadie, como dices a seguir tu instinto, y lo duro que a veces resulta hasta que das con alguien que entiende lo que pasa y te puede ayudar. Aprendí cómo duele lo que le hacen a un hijo, aunque a ella gracias a Dios no le doliera, y a intentar fiarme menos de las apariencias y más de sus elecciones.
    De mi hijo… Pues aprendí, por desgracia, lo que es tener un hijo con una enfermedad congénita grave y rara (gracias a Dios lleva una vida totalmente normal, con sus cuidados, pero yo entonces no lo sabía). Aprendí a pasar miedo de verdad, y no por mí misma. Aprendí lo que es la felicidad innata, y la cantidad de cosas absurdas por las que nos preocupamos con el primer hijo, y luego dan igual. Y, sobre todo, aprendí lo que es el amor incondicional hacia una madre, y la necesidad física de ella.
    Ahora, tengo en casa dos adolescentes. Y me da mucha pena que hayan perdido algunos de sus puntos fuertes, esos que los padres cuando son pequeños intentamos cambiar porque no son políticamente correctos (el verse demasiado guapa, creer que es el más listo….), con lo bien que les hubieran venido ahora. A esta edad estoy aprendiendo lo mal que se pueden hacer las cosas sin querer, y que cuanto más sabes, más perdido estás, y solo se te ocurre rezar para haberlo hecho bien.
    Por supuesto sigo aprendiendo, y espero que estas dos personas sean independientes, pero me quieran siempre a su lado.
    Gracias por esta oportunidad de pensar.

  4. Precioso post Teresa!
    Nos pasamos el día enseñando a nuestros hijos , sin pararnos a pensar en lo mucho que aprendemos de ellos. Y si, yo hoy me he parado a pensar en todo lo que he aprendido en estos tres últimos años.
    Pues de ti Paula he aprendido que dentro de las cajitas más pequeñas están los mayores tesoros. Que tu risa me quita las penas. Que mis ojos ven razas y colores, pero que los tuyos no. Que se me rompen las entrañas cuando alguien te hace daño. Que las tiritas de dibujitos y mis besos todo lo curan. Que los charcos están ahí para saltar en ellos. Que las manchas de chocolate y moras se quitan de la ropa. Que si grito te asustas. Que hay que dar tiempo al tiempo, pues todo llega. Que siempre hay que mantener la ESPERANZA y ser agradecido (gracias Dios mío porque estás y estás sana). Que ,aún con kilos de más y sin tiempo para dedicarme, para ti soy la más guapa del mundo. Que las grandes luchadoras no entienden de percentiles. Que a las estrellas fugaces también se les puede pedir Lacasitos.
    Gracias Teresa por este post que me ha hecho reflexionar.

  5. Teresa, de ti aprendí que puedes aterrizar un día por casualidad en un tu blog y convertir ese momento en el principio de un encuentro.
    Precioso post. Desde hoy tienes una nueva seguidora. Gracias por la magia de tus palabras

  6. Hola Teresa:
    Mi hija también llegó en avión. Antes de ser su madre ya había empezado a aprender de ella. Aprendí que se puede amar a un ser soñado, que la paciencia existe, que deseaba volar (a pesar del miedo que me da), que una imagen en 2D impresa en un trozo de papel te cambia la vida.
    De mi hija aprendí que el camino nunca se acaba, que cuando crees que has llegado al final de un camino te encuentras con que necesitas empezar otro, más largo, más difícil e infinitamente más gratificante, uno que empieza el día que la imagen en 2D se convierte 3, 4, 5, 6 D.
    ¿Conoces el cuento El Cazo de Lorenzo? Te lo recomiendo si no lo has leído. Mi hija me ha enseñado que yo también tengo cazos, unos más grandes que otros, y que todos los tenemos. Mi hija, un ser emocionalmente desvalido cuando llegó a mi vida, se ha convertido en mi persona especial, en la persona que me ha enseñado a caminar con mis cazos sin que me estorben. A través de ella he sido capaz de conocerme, de reconocer mi historia de vida y de asimilarla y aceptarla, con todo su dolor.
    La maternidad me llegó muy tarde, pero me está enseñando muchísimo más de lo que jamas puede imaginar, demasiado para un comentario en un post.
    Tienes una familia preciosa. Seguro que algún día coincidimos y si tienes ganas y paciencia te cuento mucho más (vivo en Cubas)
    Un abrazo

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